El Top Pickleball Tour Powered by APP llegaba a Gijón con la intención de poner en marcha un nuevo circuito y convertirse, con el tiempo, en una referencia dentro del pickleball español. Desde Dinkeando hemos seguido de cerca el proyecto y, precisamente por tratarse de una primera prueba, nuestra intención era acudir con una mirada abierta, entendiendo que cualquier organización necesita tiempo para ajustar procesos, aprender y corregir errores.
Pero lo que vivimos durante el fin de semana en Gijón fue mucho más allá de algunos problemas propios de un primer torneo.
Cambios constantes, sorteos que no respetaron lo establecido en la propia normativa, jugadores desplazándose entre diferentes instalaciones, pistas con condiciones muy diferentes, problemas que llegaron a afectar a la seguridad y, sobre todo, una sensación que se fue extendiendo entre muchos participantes: que había jugadores de primera y jugadores de segunda dentro del mismo torneo.
Y cuando hablamos con ellos, algunas de las frases que escuchamos fueron especialmente significativas: «si sabemos esto, no nos apuntamos», «no nos lo estamos pasando bien» o incluso «esto parece un evento de NOX, donde nos han usado de relleno y les han puesto una alfombra roja».
Es importante aclararlo desde el principio: hablamos de la percepción de varios jugadores, no de que Dinkeando pueda afirmar que la organización diseñó el torneo para favorecer a una marca o a determinados jugadores. Pero cuando esa sensación aparece de forma repetida entre los participantes, creemos que merece ser contada.
El viernes empezó con un sorteo que ya generó dudas
El viernes estaba reservado para la competición individual. Según las propias reglas del torneo, al no existir puntos del circuito que utilizar como referencia, los cabezas de serie debían establecerse tomando como referencia el ranking DUPR.
Sin embargo, el cuadro que nos encontramos no seguía ese criterio. Los tres cabezas de serie del torneo habían quedado incluidos en el mismo grupo, precisamente el grupo de cinco jugadores.
La organización fue informada de que el sorteo no era correcto a través de diferentes canales y se solicitó que se volviesen a realizar los grupos. La solución adoptada no fue rehacer el sorteo completo, sino sacar a uno de los jugadores y colocarlo en otro grupo.
Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Cuando un torneo publica unas reglas, los jugadores se inscriben esperando que esas reglas se apliquen. Y si existe un error en el sorteo, corregirlo debería hacerse siguiendo el procedimiento establecido, no buscando una solución puntual que modifica únicamente una parte del cuadro.
Ese fue el primer síntoma de algo que se repetiría durante el fin de semana: la sensación de que muchas decisiones se iban tomando sobre la marcha.



Mieres y Gijón: dos sedes que terminaron siendo dos torneos diferentes
La planificación inicial contemplaba utilizar las instalaciones de Mieres para las fases preliminares y reservar Gijón para las fases finales. La distancia entre ambas localidades ronda los 40 kilómetros, pero sobre el papel podía ser una solución razonable ante la necesidad de contar con más pistas.
El problema apareció cuando comprobamos que las condiciones no eran las mismas.
En Gijón se había preparado una pista central de primer nivel, con una superficie de lona aportada por Pickleball Europe, carpas, sombrillas, mesas altas, zona de jugadores, bebidas, refrescos, fisioterapia, pantallas y un importante despliegue de personal.
En Mieres, algunos jugadores tenían previsto disputar sus partidos sobre pistas de Tenis Quick, además de una pista de lona de Pickleball Europe.
Y aquí apareció una primera preocupación lógica: si todos estamos pagando la misma inscripción y compitiendo dentro del mismo torneo, ¿por qué unos jugadores van a disputar sus partidos en unas condiciones y otros en otras?
La diferencia no era únicamente estética o de superficie.
A primera hora, cuando llegamos a Mieres, comprobamos que las pistas de Tenis Quick tenían además un problema importante de espacio lateral. En algunas situaciones, una bola que saliese hacia un lateral podía llevar al jugador prácticamente contra la valla.
Varios jugadores estuvimos hablando sobre ello y trasladamos a la organización que, si era necesario, preferíamos terminar más tarde, pero que todos pudiéramos jugar sobre la pista de lona.
Hasta ese momento, el problema todavía podía solucionarse.
Entonces llegó la lluvia.





La lluvia obligó a cambiarlo todo
La lluvia impidió montar la pista central de lona en Gijón. La decisión fue trasladar a Mieres a los jugadores que tenían que competir allí.
La idea podía parecer buena: todos juntos, en las mismas instalaciones y con una solución alternativa.
Pero ocurrió algo que volvió a generar confusión.
Los jugadores que ya estábamos en Mieres fuimos enviados a un pabellón deportivo, mientras que la organización pretendía que los jugadores procedentes de Gijón pudieran mantener unas condiciones de superficie similares a las previstas inicialmente.
En el pabellón se marcaron las pistas sobre el suelo. Una de ellas quedaba aproximadamente a 40 o 50 centímetros de una pared lateral. En uno de los fondos había una lona de separación que dejaba muy poco espacio para devolver determinados saques potentes y, en el otro lado, había columnas situadas dentro de la zona que podía afectar a la devolución.
Personalmente trasladé a la organización, de forma totalmente respetuosa, que yo no iba a jugar en esas condiciones y que no consideraba que ningún jugador debiera hacerlo.
La propia dirección terminó confirmando que una de las pistas no era válida y se pasó de las cuatro pistas inicialmente previstas a tres.
El problema es que las otras tres seguían teniendo el mismo condicionante en la zona posterior.
Y finalmente ocurrió lo que precisamente queríamos evitar.
Un jugador golpeó una de las columnas durante un partido. El impacto le produjo mareos y terminó afectando a su participación en los partidos posteriores.
Lo más preocupante fue que, según nos explicó la organización, no tenían conocimiento de que aquella columna hubiese supuesto un problema hasta que se lo comunicamos. La respuesta que recibimos fue algo parecido a: «¿qué hago, la quito?».
Evidentemente, no se trata de quitar una columna de un pabellón. Se trata de protegerla, aislarla o buscar una solución antes de poner a los jugadores a competir junto a ella.
Mientras tanto, los partidos continuaban y los jugadores seguíamos moviéndonos entre instalaciones y pistas diferentes.
Finalmente, cerca del final de la jornada, llegó la pista de lona de Mieres y se montó dentro del pabellón para el segundo día.
Y todavía quedaba otro problema con los grupos
Durante la competición individual también se produjo otra situación que varios jugadores nos trasladaron y que tiene que ver con la clasificación dentro de los grupos.
En uno de ellos se produjo un triple empate. Según la normativa publicada, el desempate debía resolverse atendiendo a los resultados entre los jugadores implicados en ese empate y sin tener en cuenta determinados resultados contra el cuarto clasificado.
Según nos explicaron los propios participantes, ese criterio tampoco se aplicó de la manera establecida en las reglas.
De nuevo, el problema no es que un reglamento pueda tener una interpretación determinada. El problema es que los jugadores necesitan saber antes de empezar cómo se va a resolver una situación así y que después se aplique de forma coherente.

El sábado volvimos a empezar… y volvieron los problemas
Después de lo ocurrido el viernes, muchos jugadores decidimos hacer un ejercicio de empatía.
Era la primera prueba. Había llovido. Había cambios de última hora. Se había tenido que trasladar material. Una primera edición siempre tiene problemas.
El sábado, sin embargo, volvimos a encontrarnos con situaciones similares.
La competición de dobles se dividía entre la pista central de Gijón y el pabellón donde se había instalado durante la noche la pista de lona procedente de Mieres.
Y volvió a aparecer una pregunta que ya estaba en la cabeza de muchos jugadores: ¿quién juega en la central y quién juega en la otra pista?
La sensación que se fue generando entre algunos participantes era que determinados jugadores aparecían de manera constante en la pista central, mientras que el resto acababa desplazado a la segunda instalación.
De nuevo, no afirmamos que existiera una decisión deliberada para favorecer a determinados jugadores. Pero sí podemos contar lo que vimos y, sobre todo, lo que escuchamos entre los participantes.
Y ahí apareció un nombre de manera recurrente: NOX.
El problema no es que haya jugadores patrocinados
Aquí creemos que hay que hacer una distinción importante.
El problema no es que existan jugadores patrocinados por NOX.
Es normal que una marca que apuesta por el pickleball tenga jugadores de referencia, quiera contar con ellos en sus eventos y les dé visibilidad. Eso forma parte del deporte profesional y del funcionamiento de cualquier circuito.
El problema aparece cuando el resto de jugadores empieza a tener la sensación de que está allí simplemente para completar un cuadro.
En el cuadro masculino de dobles, por ejemplo, los jugadores de NOX quedaron concentrados en los grupos A y B, con cuatro parejas en cada uno, mientras que el grupo C quedó formado por cinco parejas.
Además, el sorteo tampoco respetó, según pudimos comprobar, la distribución de cabezas de serie establecida en las reglas.
Y aquí las consecuencias deportivas eran importantes.
Los ganadores de los grupos A y B pasaban directamente a semifinales. El ganador del grupo C tenía que disputar previamente unos cuartos de final.
Eso significaba que el jugador que ganase el grupo de cinco parejas necesitaba disputar dos partidos más para llegar al mismo punto de la competición que los ganadores de los otros grupos.
No hablamos, por tanto, únicamente de jugar en una pista u otra. Las decisiones de organización acababan teniendo consecuencias deportivas.
Una pareja que apareció en el cuadro sin saber si iba a jugar
Otra situación que vivimos durante el sábado fue especialmente complicada.
Una de las parejas inscritas en el torneo había comunicado que, si finalmente no salía la categoría +40, se planteaba no participar. Según nos explicaron los propios afectados, no habían recibido confirmación clara sobre su retirada ni sobre un posible reembolso.
Sin embargo, la pareja seguía apareciendo en el cuadro.
Llegó el sábado, se presentó en el pabellón y, con el torneo ya comenzado tanto en la pista central como en el pabellón, la organización decidió finalmente colocar a otra pareja en su lugar.
En ese momento ya se habían disputado los dos primeros partidos del pabellón y el siguiente correspondía precisamente a una de las parejas afectadas.
Se planteó incluso adelantar partidos para intentar encajar la situación.
Nosotros decidimos no hacerlo porque entendíamos que, una vez iniciado el torneo, cambiar nuevamente el orden podía generar un problema todavía mayor: llegar a un punto en el que alguien dijera que el partido tenía que haberse detenido porque no correspondía jugarlo en ese momento.
Finalmente, la pareja que inicialmente aparecía inscrita no jugó y se evitó una situación todavía más complicada.
Pero nuevamente la sensación era la misma: demasiadas cosas se estaban resolviendo cuando el torneo ya estaba en marcha.
Llegar a cuartos y tener tres minutos para adaptarse
Quizá uno de los ejemplos que mejor resume lo ocurrido llegó con los cuartos de final.
Los jugadores que venían de la pista secundaria llegaron a una pista que acababa de instalarse y tuvieron aproximadamente tres minutos para adaptarse a ella.
La superficie presentaba irregularidades importantes porque la base de hormigón del puerto no era completamente uniforme. La pista tenía zonas con auténticos baches y, en determinados puntos, la pelota no botaba de manera normal.
No hablamos simplemente de un bote más bajo.
En alguna ocasión, la pelota llegó prácticamente a rodar por el suelo.
Y eso genera una diferencia evidente entre quien lleva toda la mañana jugando sobre esa superficie y conoce dónde están los defectos y quien llega directamente para disputar unos cuartos de final.
Una posible solución excepcional habría sido establecer que, cuando una pelota fuese claramente afectada por uno de esos desperfectos, se repitiese el punto.
No solucionaba el problema de la pista, pero al menos evitaba que el conocimiento previo de los defectos pudiese convertirse en una ventaja.
Dos instalaciones, dos experiencias completamente diferentes
Y aquí llegamos, probablemente, al aspecto que más nos ha preocupado como jugadores.
No es lo mismo jugar en la pista central que hacerlo en la instalación secundaria.
En la central había ambiente, zona de jugadores, neveras, bebidas, fisioterapia, pantallas, personal de organización y todo el movimiento propio de un evento.
En la segunda instalación, la sensación era completamente distinta.
Parecía otro torneo.
Había muy poco ambiente. Solo jugadores, alguna persona de la organización cuyo cometido ni siquiera estaba siempre claro y unas veinte botellas de agua a temperatura ambiente junto a cuatro plátanos.
No había la misma atención al jugador, ni fisioterapia, ni el mismo ambiente y, en determinados momentos, ni siquiera las mismas facilidades básicas que habíamos encontrado el día anterior.
Y eso es lo que nos parece más difícil de entender.
Puedes tener dos instalaciones porque el número de jugadores lo exige. Lo que no deberías tener son dos experiencias completamente diferentes dentro del mismo torneo.
¿Jugadores principales y actores secundarios?
A medida que avanzaba el fin de semana, las conversaciones entre jugadores fueron cambiando.
Al principio hablábamos de la lluvia, de las pistas, de los cambios y de la dificultad de organizarlo todo.
Después empezamos a hablar de otra cosa.
De la sensación de que algunos jugadores eran los protagonistas y el resto simplemente necesitaba estar allí para completar el torneo.
Escuchamos expresiones como «nos han utilizado de relleno», «somos actores secundarios» o «si sabemos que esto iba a ser así, no nos apuntamos».
Incluso hubo quien definió la experiencia como «un evento de NOX donde nos han puesto una alfombra roja y al resto nos han utilizado de relleno».
Insistimos: son percepciones de jugadores y no una acusación que Dinkeando pueda convertir en un hecho probado.
Pero también creemos que sería un error ignorarlas.
Porque cuando varias personas que han pagado una inscripción para competir terminan sintiéndose así, algo está fallando en la experiencia del jugador.
El pickleball que queremos construir
Y aquí es donde creemos que el problema va más allá del Top Pickleball Tour.
Llevamos poco más de un año con Dinkeando públicamente, pero antes de lanzar el proyecto estuvimos cerca de dos años analizando el sector y ya el deporte lo conocimos hace 14 años en EEUU.
Y una de las cosas que más nos preocupa es que el deporte pueda estar perdiendo parte de la esencia con la que nació.
Estamos viendo cómo jugadores que durante años estuvieron muy cerca de la comunidad, que hablaban con otros jugadores y conocían perfectamente las dificultades que tenían, ahora empiezan a convertirse en figuras de referencia de determinadas marcas.
Es lógico que el deporte evolucione. Es lógico que aparezca dinero, patrocinio, profesionalización y jugadores que puedan vivir de competir.
Pero quizá precisamente por eso habría que cuidar todavía más lo que hace diferente al pickleball.
La cercanía.
La comunidad.
El respeto entre jugadores.
Y también cierta solidaridad cuando las condiciones no son iguales para todos.
Durante este fin de semana, salvo un par de jugadores, no vimos demasiadas situaciones en las que los jugadores considerados referencia se acercasen a la dirección para preguntar qué estaba pasando con el resto o mostrar empatía cuando algunos participantes estaban siendo desplazados continuamente de una instalación a otra.
Y eso también debería hacernos pensar.
Porque si el jugador que está en una posición privilegiada dentro de un torneo se desentiende completamente de lo que ocurre con el resto, la distancia entre unos y otros empieza a crecer muy rápido.
¿No sería mejor poner unos mínimos comunes?
No creemos que todos los jugadores tengan que recibir exactamente lo mismo en cualquier circunstancia. Pero sí creemos que debería existir un mínimo común de condiciones.
La misma superficie siempre que sea posible.
Las mismas reglas.
El mismo criterio para los sorteos.
La misma información.
Las mismas condiciones de seguridad.
Y, sobre todo, la sensación de que todos los inscritos forman parte del mismo torneo.
Porque el jugador que paga su inscripción no está pagando por ser un extra. Está pagando por competir en ingualdad de condiciones que el resto y tiene derecho a esperar una organización ordenada, unas reglas claras y unas condiciones razonables para disfrutar de la experiencia independientemente de que gane o pierda.
Una primera edición puede tener errores. Lo importante es qué se hace con ellos
Queremos dejar también claro algo que nos parece importante.
Desde Dinkeando hemos hablado con la organización y nuestra percepción es que hay voluntad de aprender, crecer y mejorar. NO hemos encontrado una organización cerrada a recibir críticas ni a escuchar lo que los jugadores tienen que decir y eso es importante.
Porque una primera edición puede tener problemas, puede llover, fallar una planificación, cambiar una sede, aparecer un problema con una pista. Lo que marca la diferencia es cómo se responde cuando esos problemas aparecen, ahí es donde creemos que el Top Pickleball Tour tiene mucho trabajo por delante.
No basta con tener una buena pista central, una marca potente detrás, jugadores reconocidos y una puesta en escena atractiva.
El verdadero reto está en conseguir que el jugador que termina jugando en la pista secundaria sienta que es igual de importante que el que juega en la central.
Nuestra conclusión
El último día decidimos marcharnos.
La acumulación de situaciones y la decepción que nos llevábamos hizo que continuar cubriendo el torneo con el nivel de calidad que queremos para Dinkeando ya no tuviese sentido para nosotros.
Y quizá esa sea la mejor forma de explicar cómo hemos vivido este Top Pickleball Tour Powered by APP en Gijón.
No nos quedamos con la sensación de haber participado simplemente en un primer torneo con errores. No nos quedamos con la sensación de haber pagado por participar en una competición ordenada y haber terminado dentro de una sucesión constante de improvisaciones, cambios y diferencias entre jugadores.
Y si tuviéramos que resumir en unas pocas palabras lo que escuchamos de varios participantes durante el fin de semana, sería esta:
«Ha parecido un torneo de NOX con actores secundarios, con extras, con relleno, que hemos pagado pensando que íbamos a jugar un torneo ordenado y nos hemos encontrado con que no hemos disfrutado más allá de ganar o perder los partidos».
No sabemos si esa era la intención de nadie.
Pero sí sabemos que esa fue la sensación que se llevaron algunos jugadores.
Y creemos que un circuito que quiere crecer, profesionalizarse y convertirse en referencia debería escuchar precisamente esas voces.
Porque el pickleball profesional no se construye únicamente desde la pista central. También se construye con todos los que están alrededor y hacen posible que los torneos salgan adelante.


