Imagina llegar a la final de un torneo, completar toda la semana de competición, calentar para el partido decisivo… y que el encuentro nunca llegue a comenzar.
Eso es exactamente lo que ocurrió hace unos días en el PPL Mindanao Open, disputado en Filipinas. Lo que debía ser una de las finales más interesantes del torneo acabó convirtiéndose en una situación tan extraña como poco habitual dentro del pickleball.
Frente a frente estaban los vietnamitas Phuc Huynh y Quang Duong, dos jugadores acostumbrados a pelear por los puestos más altos de los cuadros. Sin embargo, ninguno de ellos llegó a realizar el primer saque.
El motivo no fue una lesión, ni la lluvia, ni un problema organizativo. El origen del conflicto estuvo en algo mucho más simple: la pelota.
Según explicó posteriormente la organización, durante el torneo se habían utilizado pelotas de 40 agujeros, mientras que uno de los finalistas había venido compitiendo con un modelo de 48 agujeros. Y aunque para muchos jugadores aficionados pueda parecer una diferencia sin importancia, en el pickleball de competición no lo es tanto.
La pelota puede modificar la velocidad del juego, las sensaciones en el golpeo, la forma en la que responde al viento e incluso el comportamiento en determinados intercambios. Cuando hablamos de jugadores de alto nivel, acostumbrados a entrenar durante semanas con un material concreto, cualquier cambio puede marcar diferencias.
La organización intentó buscar soluciones. Entre ellas, decidir la pelota mediante un lanzamiento de moneda. Ninguna de las partes aceptó la propuesta y finalmente el partido nunca llegó a disputarse.
El desenlace fue tan inesperado como histórico: ambos jugadores fueron declarados campeones y compartieron la medalla de oro sin que se jugara un solo punto de la final.
Más allá de lo anecdótico, la situación vuelve a poner sobre la mesa un debate que aparece cada vez con más frecuencia a medida que el pickleball se profesionaliza. La elección del material ya no es un detalle secundario y los circuitos se enfrentan al reto de definir criterios cada vez más claros para evitar situaciones como esta.
Porque sí, todos hablamos de estrategias, rankings y grandes torneos. Pero esta vez una final terminó demostrando que, a veces, la protagonista puede ser simplemente una pelota.
Nosotros nos hacemos una pregunta….¿ como es posible que se permita jugar un torneo profesional con dos bolas diferentes?

